Se hace tarde y la ciudad parece tan ajena a todo cuanto ocurre. Es como si fuese un momento de reflexión en medio de la vorágine del día.  Y junto con ella estoy yo. Sentado en la terraza contemplando la luz tenue de las calles, los solitarios que caminan y una pareja que se besa ignorante a mi mirada.  Hace frío y mi camisa se humedece lento congelando mi piel. Durante un momento me recuerda las madrugadas del campo con olor a amanecer y frutos, sin duda lo extraño,  sin duda no pertenezco a este lugar. Pero agradezco momentos como éste.  En que recuerdo lo que realmente me importa y me ha hecho feliz.

Mi noche está cargada de nostalgia,  imagino que no será eterna, pero se duele, y se aferra, y araña.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias a la vida Que revolcó mi cara en la penumbra y levantó mi alma a la felicidad.